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Cómo inicié mi huerto en casa. Experiencia y consejos.

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Mi experiencia trabajando en el jardín, de manera activa, quizá no rebasé los dos años pero, gracias a que dedico tiempo cada día para observar e investigar sobre el cuidado de diferentes plantas, los resultados han sido buenos hasta ahora.

Iniciar un huerto en casa no es difícil si se toman en cuenta algunos aspectos básicos. Incluso, careciendo de cualquier tipo de conocimiento se puede empezar. Si somos observadores, pronto aprenderemos qué necesita cada planta. Pero definitivamente, para avanzar rápido y evitar la muerte de algunos ejemplares, es mejor leer un poco antes de pasar a la práctica. En Internet hay buena información para los amantes de la vida vegetal. Es fácil encontrar libros y manuales diversos. También, sería conveniente entrar al mundo del cultivo con especies resistentes pues nos facilitaría el proceso de aprendizaje y podríamos constatar, sin tanto lío, cómo se comporta una planta cuando está sana. Mi caso fue un punto medio: aprendí por observación y estudio informal.

He vivido varias veces en casas pequeñas y la falta de espacio era uno de los motivos por los que no sembraba aunque tenía claro que mi filosofía necesitaba esa práctica para ser coherente. Creo en la libertad alimentaria, en el derecho de saber de dónde provienen los alimentos que consumimos y en la necesidad de proteger la semilla originaria de este planeta. También, considero que es necesario desvincularnos de la industria alimentaria que, con su farsa, nos envenena y perjudica a la Naturaleza. Un cambio es posible teniendo un huerto en el hogar; pero, en aquél tiempo no sabía de la existencia de sistemas verticales u otras formas de cultivo urbano, que me permitieran hacer más eficiente mi reducido espacio, por lo que el deseo de cuidar un jardín tardó en concretarse.

Las primeras plantas que pude atender fueron un espatifilo, una sábila, una palma y varios singonios. Luego, con mi esposo, en una casa más grande, experimentamos cuidando un hermoso oasis en los márgenes de un pasillo del inmueble, donde, por el hábitat recreado, también coexistían codornices y tortugas.

Actualmente, de nuevo en una casa pequeña, la vegetación ha transformado el lugar; incluso, ha tomado el espacio áereo. Mantenemos saludables a decenas de plantas y constantemente analizamos qué es lo mejor para ellas; también, nos interesa reciclar materiales y conservar una visión orgánica de la decoración, por lo que preferimos la madera y las fibras naturales para refrescar una estancia, añadiendo plantas de interior.

Mi recomendación para quien apenas comienza es que consiga semillas orgánicas de variedades que crezcan sin problema en el clima en el que vive; para germinar, es necesario conseguir un buen sustrato (la fibra de coco es ideal), añadirle nutrientes, y mantenerlo húmedo, pero bien drenado, con temperatura cálida y fuera del alcance de los rayos del Sol. Hay que esperar a que las plantas crezcan algunos centímetros antes de cambiarlas a otro sustrato o de sembrarlas en el suelo. Además, es indispensable conocer la cantidad de riego que cada ejemplar requiere, así como las condiciones ambientales que le favorecen.

Sólo queda tener paciencia y respeto por la vida y sus procesos, pues todo tiene un tiempo de manifestación. Después de seguir estos consejos, y prestar atención, ahora cuidamos exitosamente plantas que conseguimos en viveros o que hemos germinado. La variedad es extensa: papaya, melón, guaya, ceiba, flamboyán, naranja, guanábana, chile, flor de mayo, albahaca, epazote, acelga, pitahaya, nopal, mango, almendro, carambola, ajo, cebollín, romero, pseudobombax, rosal, cactus, y más.

¡Ánimo cultivadores!

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